San Agustin Llega a la conclusión de que el mal no es una sustancia, pero no por esto es inexistente. Con la definición del mal como privación aporta al cristianismo y a la filosofía una gran riqueza. Esta definición representa el conocimiento más delicado del problema del mal, sea en el plano metafísico o en el teológico. Reconoce en el mal toda su extensión y dominio, pero, al mismo tiempo, pone al desnudo su miseria ontológica demostrando que el mal en sí no puede subsistir y que, por ello, necesita del bien. El mal existe, pero sin sustancia.
Todos los seres son buenos porque vienen de un Dios bueno. Pero son sustancias inferiores a ese ser del cual proceden, por lo que están expuestas a la corrupción [privación de bien]. Si estas criaturas no fueran imperfectas, serían Dios y Dios sólo hay uno, que es el Creador.
Entonces, el concepto del mal y la corrupcion son fenomenos aleatorios, que no ocurren del mismo modo ni al mismo tiempo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario